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La violencia intrafamiliar básicamente es una situación de abuso de poder o maltrato psíquico o físico, de un miembro de la familia sobre otro. Puede tener diferentes formas de manifestación; a través de golpes e incidentes graves, como también de insultos, manejo económico, amenazas, chantajes, control de actividades, abuso sexual, aislamiento de familiares y amistades, prohibición de trabajar fuera de la casa, abandono físico o afectivo, humillaciones, o no respetar las opiniones de las otras personas. En términos muy generales, la violencia intrafamiliar se puede agrupar en: Maltrato Físico, que son actos que atentan o agreden el cuerpo de la otra persona tales, como empujones, bofetadas, golpes de puño, golpes con el pie, etc. Maltrato Psicológico, que se puede manifestar a través de actitudes que tienen por objeto causar temor o intimidación en la otra persona, con el fin de poder controlar su conducta, sentimientos y actitudes; usualmente se manifiesta en descalificaciones, insultos y controles. Maltrato o Abuso Sexual, que es la imposición de actos de carácter sexual contra la voluntad de la otra persona, como puede ser la exposición a actividades sexuales no deseadas, o la manipulación a través de la sexualidad. Maltrato Económico, que consiste en no cubrir las necesidades básicas de la persona o personas a su cargo, y ejercer control a través de los recursos económicos. Tradicionalmente, Colombia ha sido reconocido a nivel mundial como muy violento y prueba de ello, es el conflicto armado que se vive actualmente; es totalmente imposible pretender desvincular la situación que se vive en Colombia de la violencia que tiene lugar en el seno del hogar colombiano. Se ha reconocido que la violencia genera violencia y las personas que la han sufrido en sus hogares de origen la reproducen en sus propios hogares, en la escuela, en el lugar de trabajo y en donde quiera que entran en contacto con la sociedad. Las personas violentas desde los padres y adultos en los hogares, los maestros y los niños en las escuelas, hasta los mismos pandilleros de barrio, atracadores y antisociales, se han formado en familias que no han logrado inculcar el respeto y el buen trato hacia las otras personas. Sin embargo, es necesario reconocer que el problema tiene dos vías y no toda la culpa o responsabilidad debe recaer sobre la familia, ya que la estructura social y el ambiente extrafamiliar tienen una significativa incidencia sobre todos los procesos que se viven en el interior del hogar. La Constitución Política de Colombia de 1991, reconoció esta problemática y dispuso una serie de elementos para la defensa de la población agredida, como es el caso de las acciones de tutela, mayor número de jueces y comisarías de familia, defensorías de menores, defensorías del pueblo e inspecciones de policía, entre otros. El inciso 5 del artículo 42 de la Constitución reza que “cualquier forma de violencia en la familia se considera destructiva de su armonía y unidad y será sancionada conforme a la ley”. La Ley 294 del 16 de julio de 1996, le asigna a la violencia intrafamiliar el carácter de delito, tipifica los delitos contra la armonía y la unidad de la familia y se constituye en un instrumento útil para que la violencia que se sucede al interior de la familia no continúe siendo un delito que se mantiene en la impunidad y en el silencio. Profamilia, desde 1988, preocupada por este aspecto, ha incluido en varios de sus estudios, módulos para conocer la verdadera situación de la violencia contra la mujer y los niños colombianos, los cuales se han ido ampliando con el tiempo, con el objeto de modificar ciertas preguntas que se consideran necesarias e incluir nuevos temas, tratando siempre de mantener la posibilidad de comparaciones, para hacer el análisis de tendencias. El interés de la institución es lógico, ya que se considera que las malas relaciones al interior de la familia inciden sobre las condiciones de salud y en especial sobre la salud sexual y reproductiva de las personas.
En la ENDS 2005, para iniciar el tema de la violencia conyugal, se les hizo a las mujeres entrevistadas, casadas o unidas, o que lo hubieran estado anteriormente, una serie de preguntas específicas acerca de si sus esposos o compañeros ejercían sobre ellas ciertas presiones o les hacían acusaciones relacionadas con la vida de pareja. Específicamente, se indagó, si el esposo o compañero acusa a la mujer de infidelidad, le impide el contacto con amigos o amigas, le limita el contacto con miembros de su familia, insiste en saber siempre dónde está, vigila la forma como la mujer gasta el dinero, la ignora, no cuenta con ella para reuniones y no le consulta para tomar decisiones. El porcentaje de mujeres que contestaron en forma afirmativa cada una de estas preguntas se detalla en el Cuadro 13.1.1 y se resumen en el Gráfico 13.1, por características seleccionadas y en el Cuadro 13.1.2 por departamento. También se les preguntó a las mujeres, si el esposo o compañero propiciaban situaciones desobligantes contra ellas, como el decirles “usted no sirve para nada”, “usted nunca hace nada bien”, “usted es una bruta”, “mi mamá me hacía mejor las cosas”. El Cuadro 13.2.1 muestra el porcentaje de mujeres que contestaron en forma afirmativa estas preguntas y si el cónyuge lo hace en público o en privado, de acuerdo a ciertas características seleccionadas y en el Cuadro 13.2.2 por departamento. De igual manera, a la entrevistada se le preguntó si su esposo o compañero la amenazaba con abandonarla, quitarle los hijos o quitarle el apoyo económico. Los resultados relacionados con estas preguntas aparecen en el Cuadro 13.3.1, por características seleccionadas y en el Cuadro 13.3.2 por departamento. Situaciones de control por parte del esposo o compañero (Cuadros 13.1.1 y 13.1.2)
Situaciones desobligantes (Cuadro 13.2.1 y 13.2.2)
Amenazas del esposo o compañero (Cuadros 13.3.1 y 13.3.2 y Gráfico 13.2)
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