La igualdad entre hombres y mujeres es una cuestión de DERECHOS HUMANOS, una condición para la justicia social y es también un requisito necesario y fundamental para la equidad, el desarrollo y la paz.

IV Conferencia Mundial Sobre las Mujeres, Plataforma de Acción. Beijing 1995.

 

El género son las características, roles e identidades que socialmente se le han asignado a los hombres y a las mujeres. El Género es distinto al sexo, aunque suelen confundirlo.

El sexo nace con la persona y es el conjunto de características físicas que diferencian al hombre de la mujer. El hombre tiene pene y testículos. La mujer tiene vulva, vagina y senos. Cuando un ser humano nace se dice que es hombre o mujer según tenga pene o vagina.

Género es masculino o femenino, son condiciones que se aprenden desde la infancia, pero no nacen con los seres humanos sino que según sea hombre o mujer, la sociedad, la cultura, el medio ambiente, la familia, la calle, la escuela, los medios de comunicación y la época histórica en la que vive, le imponen roles, le enseñan actitudes y creencias de ser hombre o ser mujer.

Por ejemplo, cuando un niño nace los adultos lo visten de azul, blanco o verde; le compran carros; y le colocan pantalones. Cuando una niña nace la visten de rosado o blanco; le regalan muñecas, ollas y vestidos. Los colores, los objetos y la ropa se convierten, entonces, en elementos claves para determinar lo que es masculino y lo que es femenino.

Otros ejemplos claros tienen que ver con los valores inculcados a ambos sexos. A los adolescentes se les motiva con más frecuencia que a las mujeres para que empiecen a conquistar y a proponer para demostrar su hombría. A las mujeres se les promueven valores como delicadeza, feminidad y suavidad en el trato con otras personas y se les prepara para que sean los hombres quienes las cortejen, inviten, conquisten y tomen la iniciativa al momento de las relaciones interpersonales, afectivas y sexuales. A los hombres se les habla desde niños con expresiones como “sea macho”, incluso en algunas sociedades es mal visto que los hombres lloren o demuestren más ampliamente expresiones como la ternura.

Las características de género no son las mismas en todos los grupos sociales ni en todas las culturas; sin embargo, han generado desigualdad en las relaciones entre hombres y mujeres y en la mayoría de los casos son las mujeres quienes han visto relegados sus derechos y no han recibido las mismas oportunidades que los hombres. Es por esta razón, que en los últimos años, las organizaciones de mujeres y otros movimientos han luchado por el reconocimiento de los derechos de las mujeres, incluidos sus derechos sexuales y reproductivos.

Si el género es algo aprendido, los roles que se han asignado a hombres y mujeres pueden ser cambiados.

 

Los estereotipos son formas de ubicar a la gente bajo una lista de características de acuerdo con su raza, sexo, orientación sexual, procedencia, edad, etc. Por ejemplo, se dice que las personas jóvenes son alegres, enérgicas, pero que también son irresponsables e inexpertas. Cuando estas características se le asignan a una persona joven solo por el hecho de su edad, sin tener en cuenta sus características y realidades individuales se está frente a un estereotipo.

En la sociedad es muy común encontrar estereotipos para cada uno de lo sexos, es decir, agrupar a la gente bajo un listado de características según sean hombres o mujeres. Estos estereotipos son conocidos como estereotipos de género, pues las características que se asignan a cada sexo se basan en los roles e identidades que socialmente se le han asignado a los hombres y a las mujeres.

Con el tiempo los estereotipos se naturalizan, es decir se asumen como verdades absolutas respecto a cómo son los hombres y cómo son las mujeres; con frecuencia se olvida cuestionar estos roles asignados y no se hace nada para cambiarlos.

Algunos de estos estereotipos son:

Las mujeres son:

Limitadas al mundo privado, es decir, a la vida doméstica.

Son dependientes, emocionales, cálidas, delicadas.

Destinadas a la reproducción…el sueño de toda mujer es ser madre.

Seres incompletos…se es mujer una vez se logra ser para alguien: ser madre, ser esposa, ser hija.

Los hombres son:

Independientes
Lógicos
Valientes
Fuertes
Decididos
Competitivos
Líderes
Su sexualidad está destinada al placer antes que a la reproducción

Lo importante, es recordar que estos estereotipos implican valoraciones negativas y positivas de las personas y, por lo tanto, permite que algunos grupos sociales gocen de privilegios a la hora de conseguir un trabajo, tener una relación de pareja, acceder al estudio, a los servicios médicos, etc. Por ejemplo, un hombre blanco, adulto, de clase social alta, heterosexual, que viva en la ciudad pueden llegar a tener más facilidades para encontrar un trabajo que una mujer joven, indígena, que viva en una zona rural, debido, entre otras cosas, a las características asignadas a cada una de las condiciones que acompañan a la persona.

 

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Una vez respondas las preguntas te recomendamos revisar las secciones anteriores y evaluar si algunas de tus respuestas no están influenciadas por cosas que has aprendido en tu casa, los libros o en los lugares que frecuentas, más que por cosas que son realmente propias de cada sexo. Si tienes algunas dudas sobre tus respuestas escribe a genero@profamilia.org.co o déjanos un mensaje en nuestra Zona de Contacto.

 

Implicaciones de los estereotipos de género (Misoginia, sexismo...)

Los estereotipos de género impiden el disfrute igualitario de los derechos a hombres y mujeres y hacen que las políticas, programas y proyectos desarrollados en las comunidades lleguen de forma diferente a hombres y mujeres. Así, por ejemplo, si se realiza una campaña de acceso a condones y no se hace una estrategia diferente para llegar a hombres y mujeres, con seguridad las mujeres no accederán a los condones, pues los estereotipos asignados a lo femenino indican que las mujeres son pasivas frente a su sexualidad y delegan al hombre las decisiones sobre las relaciones sexuales.

La implicación más clara de la existencia de estereotipos de género es el sexismo, el cual declara lo masculino como superior frente a lo femenino, creando relaciones de subordinación y discriminación entre los hombres y las mujeres. El sexismo se manifiesta a través de diferentes visiones:

Androcentrismo: el Manual de Derechos Humanos de las Mujeres Jóvenes muestra que el androcentrismo es una visión, que pone al hombre como medida de todas las cosas. Lo masculino se generaliza para todas las personas hombres y mujeres. Un ejemplo sencillo está relacionado con el lenguaje: en español la palabra “hombre” sirve para indicar que se está hablando de hombres y mujeres, pero la palabra “mujer” no incluye a los hombres. Cuando se dice “los niños” puede indicar que hay niños hombres y mujeres en determinado espacio. Esto indica que las mujeres son representadas por lo masculino en cosas tan cotidianas como el lenguaje. Las peores manifestaciones de esta visión son la ginopia (las necesidades femeninas se hacen invisibles o se niegan) y la misoginia (odio o repudio a lo femenino).

Doble patrón: en otros casos la sociedad valora comportamientos y vivencias en forma diferente para hombres y mujeres, lo que se conoce como doble patrón…por ejemplo, si las mujeres son sensibles, la sociedad lo valora como positivo, pero si un hombre es sensible se le califica como “poco hombre”, “homosexual”, u otras expresiones.

Sobregeneralización: solo se analiza la conducta de un sexo y las conclusiones se validan como realidades para todo tipo de personas. Por ejemplo, se dice que el lugar por excelencia para encontrar a la gente joven es las calles, los sitios nocturnos, etc. Sin embargo, se desconoce que debido a los estereotipos de género (las mujeres que salen solas no son decentes, las mujeres son débiles, deben ir acompañadas de un hombre, etc) las mujeres más jóvenes se encuentran menos que los hombres en estos espacios. Si se hace un programa para jóvenes basado en esta idea, seguramente muchas mujeres jóvenes no podrán acceder al programa y sus beneficios de la misma forma.

Sobreespecificidad: se especifican solo para hombres o solo para mujeres ciertas necesidades, actitudes o intereses, que en realidad son compartidas por ambos sexos. Por ejemplo, se dice que la responsabilidad y, por lo tanto, el interés por los hijos es una cualidad femenina, desconociendo el rol que juega la paternidad.

Sexualidad, Género y Juventudes

En el campo de la sexualidad los y las adolescentes, en el proceso de pasar de niños-as a adultos aprenden prácticas de riesgo impuestas por la sociedad, las cuales están cruzadas por el género. Estos aprendizajes e ideas que los y las jóvenes adquieren en diferentes espacios como la familia o el colegio, los pueden poner en riesgo de embarazos no deseados e Infecciones de Transmisión Sexual, incluido el VIH/SIDA en la adolescencia y la adultez.

Algunos ejemplos de falsas creencias que inculcan desde la infancia:

Las niñas y/o adolescentes deben aprender el mandato social de la pasividad, falta de iniciativas y reserva femenina como forma de seguir el patrón de feminidad aceptado.

Los niños y/o jóvenes aprenden que como parte del juego amoroso deben entender que cuando las mujeres dicen no, hay que insistir y presionar hasta obtener la relación

Hombres y mujeres asumen que todo lo que tiene que con el embarazo es asunto de mujeres, por eso si la mujer no quiere estar embarazada es ella quien debe buscar como cuidarse.

Los jóvenes aprenden que si una mujer sugiere que se debe usar cualquier forma de protección se pone en duda su respetabilidad y reputación. Estas últimas construidas sobre la base de la feminidad asociada a pasividad, ternura y sumisión.

Los hombres jóvenes siguen asociando hombría con mayor número de parejas, conquista, osadía, confianza en sí mismos, como antesala de conductas de riesgo y como una forma de demostrar qué tan varones son.

Las mujeres adolescentes prefieren aparentar que no saben sobre sexualidad por temor a ser tildadas de “lanzadas” lo que puede ser mal visto por su pareja y por la sociedad en general

La desigualdad entre hombres y mujeres hace que para las mujeres sea imposible negarse a tener relaciones sexuales no deseadas o sin protección, negociar el uso del condón o usar la anticoncepción en contra de los deseos de pareja.

Los hombres temen negarse a tener relaciones sexuales por temor a que se ponga en tela de juicio su virilidad o ser tildados de homosexuales.

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